El champagne, al igual que otros vinos espumosos, tiene su origen en el año 1681. Dom Perignon, supervisor de una bodega, descubrió fortuitamente que al agregar azúcar en una segunda fermentación, el vino adquiría burbujas y se volvía joven y fresco. Aunque el proceso de fermentación fue explicado años después por Louis Pasteur, las burbujas observadas en el siglo XVII son las mismas que se disfrutan hoy en día.
La historia del champagne se remonta a
Francia, donde los romanos implementaron la técnica vinum titillum para
elaborar vinos espumosos. A lo largo del tiempo, el champagne adquirió fama y
se asoció con la realeza y eventos importantes. En el año 1693, Dom Pierre
Pérignon accidentalmente dio origen al champagne, y en 1695 se propuso el
método champenoise y se introdujo el uso del tapón de corcho, convirtiéndolo en
un líquido espumoso; a lo largo de los años, se realizaron avances en la
producción del champagne, como la reducción de la cantidad de azúcar añadida en
1846 para evitar que fuera excesivamente dulce. También se expandió la
producción de champagne a otros países, como España en 1872. Sin embargo, en
1883 se firmó un tratado que otorgaba el dominio exclusivo del nombre champagne
a los vinos producidos en Francia. En 1891 se prohibió el uso de la palabra
champagne para productos fuera de la región francesa homónima. En 1994, se
estableció que la expresión "método champenoise" solo podía
utilizarse en botellas dentro de la región de Champagne, restringiendo su uso
en otros lugares. A lo largo de su historia, el champagne ha evolucionado y se
ha convertido en una bebida icónica asociada con celebraciones y elegancia.
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