El whisky tiene su origen en Irlanda y se extendió rápidamente a Escocia. Es un destilado de cereal que se envejece en barricas de madera. Los monjes fueron los pioneros en destilarlo, seguidos por los campesinos que comenzaron a producirlo de manera casera. Hoy en día, el whisky es altamente valorado en el mercado de bebidas espirituosas. Los ingleses contribuyeron a su difusión por todo el mundo, llegando a Canadá y Estados Unidos y dando lugar a numerosas destilerías. Aunque el whisky escocés es el más conocido, existen otros tipos de alta calidad. El whisky irlandés, por ejemplo, se destila en alambiques de forma y tamaño distintos a los escoceses. Se elabora a partir de cebada malteada, maíz y otros cereales como el centeno, trigo y avena. Se destila tres veces y no utiliza turba. Después de envejecer en barricas de jerez, se obtiene un whisky fino, equilibrado, brillante y de gran nitidez.
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